Vuela más alto

Florencia Bonsegundo, capitana del seleccionado argentino de fútbol, cuenta su historia

Florencia Bonsegundo Fútbol

Con apenas 4 años comencé a patear la pelota en el patio de mi casa. No me acuerdo mucho, pero lo que más recuerdo es irme llorando a los brazos de mi vieja porque mi hermano mayor me pateaba muy fuerte la pelota y me utilizaba de arquera. Así comencé, haciéndome fuerte en esta sociedad y fútbol machista. Inconscientemente deteniendo los disparos que mi hermano Franco lanzaba sobre mí.

Así comencé, haciéndome fuerte en esta sociedad y fútbol machista.
  

Fui creciendo allá por mi tierra natal, mi Morteros-Córdoba querida. Jugando descalza en canchas de tierra, potreros para algunos, cementos para otros. Feliz de la infancia que me ha tocado vivir, jugando y entrenando hasta santa hora de la noche cuando la mami gritaba para decirnos que ya estaba la cena lista, después de que mi viejo volvía todo lleno de grasa y manchas de aceite del laburo (tornería). Mis años pasaban y yo disfrutaba de jugar a la pelota entre todos mis amigos varones. Yo era la única niña que pateaba con ellos. Tuve una infancia hermosa, en la que iba a la escuela y no veía la hora de que tocara la campana para disfrutar del recreo y jugar con mis compañeros al fútbol.

Rompí muchas barreras desde muy chica para poder lograr mis sueños. Sufrí prejuicios y la discriminación por ser mujer en un deporte que es mundial y se practica sin importar el género. Todo eso por el simple hecho de ser mujer. Me vi ligada a dejar de soñar y patear el balón a mis 13 años de edad. La liga no me permitía jugar más entre varones. Probé dos o tres deportes, entre ellos patín artístico, en el que hoy en día mi hermano Joaquín, el del medio es un excelente profesor y patinador. ¿Qué loco no? Yo jugadora de fútbol y él patinador, creo que no hace falta aclarar las cosas que nos decían por tener los roles invertidos. La nena fútbol, el varón patín.

Rompí muchas barreras desde muy chica para poder lograr mis sueños. Sufrí prejuicios y la discriminación por ser mujer.

Ningún deporte me gustaba y el fútbol se estaba alejando de mí. Hasta que un día, meses antes de cumplir mis 15 años, una mujer llamada Moni toco el timbre de casa. Habla con mi mama y le dice que se estaba formando un equipo de fútbol femenino en el barrio donde yo vivía (Urquiza), me venían a invitar y fue ahí donde mi corazón casi explotó de felicidad al saber que volvería a jugar a lo que más amaba.

Formé parte del equipo donde había mujeres que eran mamás y otras que eran abuelas, chicas que nunca habían tocado una pelota en su vida. Yo era la más pequeña del grupo. Jugábamos todos los fines de semana en esos torneo relámpagos que se hacen en los pueblos, donde la inscripción es abierta y participan muchos equipos. Como premio, siempre se jugaba por el cajón de pollo crudo o por el lechón. El torneo duraba toda la noche y como era una niña todavía había que pedir permiso a mis viejos para que me dejaran jugar hasta tan tarde.

Siempre se jugaba por el cajón de pollo crudo o por el lechón.

En medio de esta historia quería contar una anécdota que hacíamos con mis vecinos. Nos íbamos en bicicleta hasta el basural municipal del pueblo a juntar cobre, aluminio o cable para poder venderlo y comprarnos una pelota o los botines. Recuerdo robarle a mis viejos la antena del televisor que estaba colgada arriba del techo de casa (nos quedamos sin señal): la hice plata porque era de aluminio. De vez en cuando ligaba el cinturón en la espalda jaja. Todo eso lo generaba el fútbol y la pasión que despertaba en mi temprana edad.

Nos íbamos en bicicleta hasta el basural municipal del pueblo a juntar cobre, aluminio o cable para poder venderlo y comprarnos una pelota o los botines.

Siempre fui una nena normal que hacía sus deberes del colegio, introvertida, divertida y con personalidad. A la hora de jugar un picado en el barrio yo armaba los equipos, en los que todos me conocen con el apodo Jupi. Me ha tocado escuchar discusiones de mis papás para ver si me dejaban ir a jugar o a quién le tocaba acompañarme el próximo finde a jugar. Tuve y tengo una familia muy unida, hoy en día con mis viejos están separados pero siempre celebramos cumpleaños o fiestas de fin de año juntos. En esas fiestas se respira fútbol entre las paredes de mi casa.

Hoy me toca estar en Buenos Aires hace ya 6 años y a punto de marcharme a España a jugar y vivir del fútbol profesionalmente. 

¿Cómo no voy a contar mi infancia y nombrar todos los que formaron parte de ella si ellos lograron que hoy sea lo que soy como persona?

¿Cómo no voy a contar el día que Moni toco el timbre de casa si ella me llevó al fútbol femenino, me abrió esa puerta para lograr llegar a la Selección Nacional?

¿Cómo no voy a contar que mi hermano me pateaba sin parar si él fue el primero que me hizo fuerte?

¿Cómo no voy a contar que desde chica sufrí de la discriminación si hoy puedo luchar por el fútbol femenino de mi país y buscar la igualdad de género en cualquier ámbito?

¿Cómo no voy a contar que jugaba en canchas de tierra o que salíamos temprano en bici al basural en busca de cobre si eso me enseñó a valorar lo que tenemos y disfrutar del lugar que nos toque para patear una pelota? 

Y por último. ¿Cómo me voy a olvidar que el mejor regalo que recibí en mi fiesta de 15 fueron un par de botines?

Nunca imaginé jugar Copas Libertadores y hoy estoy tranquila contándote esto, esto que pude lograr con el mejor club de Argentina, UAI Urquiza, equipo con el que fui campeona tres veces del torneo local argentino y conseguimos un tercer puesto en la Copa Libertadores allá por 2015. Es un equipo al que defiendo hace 5 años y en el que me siento orgullosa de ser la capitana. 

Ni hablar de vestir la celeste y blanca, que hace ya 9 años puedo defenderla, con mucho orgullo y amor. He disputado torneo juveniles y un Mundial Sub 20 en 2012. Llegué a la selección mayor con apenas 19 años, y jugué Copas Américas y estoy por jugar un repechaje para el Mundial de Francia 2019.

El fútbol me ha formado como persona, le dedico mi vida sin ganar dinero. Soy una simple luchadora del día a día, que se levanta todos los días a trabajar en la venta al público de una tienda de ropa y que por las tardes entrena.

“Vuela alto, lo que mas puedas, sin olvidar de donde vienes”, frase que me la decía una mujer que amo en esta vida: mi abuela, que es la que me guía en el camino desde arriba. Humildad siempre, sin perder la vista del objetivo hacia donde quiero llegar.
Soy una simple mujer de 25 años que ama la vida, el fútbol y a su familia. Quiero ser reconocida como PERSONA, no por los goles que pueda llegar hacer.

Flor Bonsegundo.

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